Recorre cada pasillo de su pequeña casa, detrás de cada puerta sólo habita un silencio sin nombre. Llora, grita e intenta con otra puerta, debajo de la cama, pero los sonidos no aparecen. Llora, grita, pero ni su voz ni sus lágrimas lo acompañan. Desesperado busca la receta de la compañía entre aquellos viejos cuadernos en los que alguna vez escribió. Encuentra el indicado, bordado en negro y titulado: "Para los momentos de soledad". Allí estaban los ingredientes, detallados en papel y trazados con su primer lápiz. Página a página recorre dibujos de manos apretadas y brazos estirados en enormes abrazos, de corazones humildes que volaban sonrojando las mejillas; y palabras claves que formaban una lista que parecía interminable... Sigue con la vista el listado de ambas cosas intentando encontrar aquél que le permitiera desarrollar su tan deseado manjar. "Ya no tengo nada de esto", se dice alterado tras llegar a la última palabra. Revolea su cuaderno, llora, grita... y cierra la puerta.
Alejandro M Cabrera
jueves 5 de noviembre de 2009
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