Whatever will be, will be.

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sábado 2 de abril de 2011

Como música de fondo

Todas las noches paso a visitar a mi abuela para controlar que esté bien, con las luces apagadas, la llave de gas cerrada y el platito con los medicamentos, que debe tomar a la mañana siguiente ni bien se levante, en su lugar. Por suerte, siempre que llego está dormida junto a su radio, la cual escucha durante todo el día, aunque muchas veces no le preste atención. Ahí es cuando pienso que mi vida con la televisión es similar a la de mi abuela con la radio. Siempre está ahí, en mi cuarto, casi como música de fondo. Y cuando no está, el silencio se nota. Todavía hoy, reclamo a mi familia para que instalemos una tele en la cocina, pero el reclamo de su parte por una "charla familiar" es más fuerte. Las cosas no son como antes, cuando comíamos en el cuarto de mi mamá mientras veíamos mis primeros dibujos animados: "Cocomiel", "Dragon Ball", "Mr Hiccup". Era muy entretenido comer, mirar la tele, cantar con los personajes y jugar con las figuras de acción, todo a la vez. Y todo gracias a una pantalla que mostraba todo lo que quería. Bueno, quizás no todo... A veces, me hacían ver al aún vigente y aún aburrido programa de Grondona, "Hora Clave", mientras mi mamá me decía: "Ese fue mi profesor en la facultad". De todas formas, tengo que admitir que no todo lo que me obligaban a ver era aburrido. El gordito Lanata siempre me gustó en la televisión. No entendía de que hablaba cuando tenía yo siete años, pero me sacaba una sonrisa cada vez que lo miraba.

A medida que recuerdo, voy entrando en la cuenta de que todo aquello me lo mostró mi mamá. Con mi papá era distinto. Nuestras tardes en la tele tenían como protagonistas a Woody Allen y a sus películas o a Bugs Bunny y al Pato Lucas. Me doy cuenta de esto porque es hoy el día en que sigo haciendo cosas distintas con cada uno de ellos.

Costó, y mucho, independizarme para ver yo solo la tele y ver lo que yo quería. Me gustaba estar en compañía de alguien, disfrutar con alguien. La inoportuna separación de mis padres me ofuscó. No quería estar con ninguno de los dos. Y esa soledad, ese vacío que quedó como resultado, sólo lo pudo llenar la televisión, con las nuevas series de "Pokémon" y "Digimon". Ocupaban mi tiempo. Además, mi hermano estaba por cumplir los cuatro años y toda la familia se dedicó a cuidarlo.

No encuentro otras razones para decir que la televisión sigue siendo para mí una compañía. Y no encuentro otras razones para decir que hoy soy un fanático de los dibujos animados y del animé japonés. Muchos dicen que la televisión se ve más que lo que se escucha, pero yo necesito escucharla para saber que está y para saber cuando mirar. No me importa tanto si es "Gran Hermano", "6,7,8" o "Fútbol para todos" lo que pasan en la tele porque nada me aburre. Cualquier noticiero me viene bien, porque me importa más el título que el contenido, aunque las imágenes de explosiones y desastres naturales son las únicas que atraen a mis ojos. Atrás quedaron los sentimientos por ver "Show Match", "Campeones" y "Detective Conan". Lo único que quiero es tener compañía, porque, al igual que dice mi abuela, no hay nada más triste y aburrido, que sentirse solo.



Alejandro Martín Cabrera

1 COMENTARIOS:

Anónimo dijo...

Melancolicamente retro.